jueves, 10 de mayo de 2012

Por siempre en mi corazón


Conocí a Robert en junio de 2010, a través de otro amigo, por intereses comunes, como la permacultura, el mercado verde, etc., conversamos unos cuantos minutos y enseguida me invitó a que formáramos un grupo “para explorar y promover soluciones concretas aquí en Ensenada”, al que después nombró ‘Transición Ensenada’.  Era de esas personas con quienes puedes identificarte tan bien, a pesar de la diferencia de edad, que da la sensación de conocerlo hacía muchísimo tiempo.
Robert era una persona educada y culta, que además de cultivar su mente, cultivaba su cuerpo física y espiritualmente. En una ocasión, cuando iba llegando a la oficina, nos saludamos con unn ademán de mano, pues él estaba por entrar a otro local de la plaza Villa Mexicana, al poco rato llegó a la oficina de Transición y me dijo: “Sashenka, disculpa que hace un momento no vine a saludarte, ni a abrirte la puerta, tenía que hablar con una persona…” Yo ya tenía llave para entrar (que él mismo me había dado), sin embargo, tenía esta clase de atenciones que raras veces podemos encontrar y que lo hacían ser muy especial y muy querido.

Durante el tiempo que trabajé y conviví con Robert, siempre fue muy respetuoso en todos los ámbitos. A quienes participamos en el grupo de Transición Ensenada, nunca nos decía lo que debíamos hacer, él daba su opinión, hacía propuestas e invitaba. A Robert, no le gustaban los protagonismos, ni hacer alarde de sus conocimientos y experiencia, sin embargo, éstos eran notorios y por ello lo vimos como guía o líder dentro del grupo, nos mantenía cohesionados. También buscaba apoyarnos, alentarnos y hacernos saber que nosotros (solos) podíamos hacer las actividades de la transición.
Un amigo mencionó un aspecto que para mí es fundamental, Robert no se preocupaba sólo por el ambiente. Además de impulsar acciones como el uso de la bici o el proyecto del mercado verde, estaba convencido de la necesidad de cambiar el sistema basado en el capital, un sistema que no se preocupa por las personas, ni por cuidar la Tierra, sólo por acumular riqueza material de unos pocos, a costa de generar más pobreza para la mayoría. Y paradójicamente, las personas que le quitaron la vida a Robert, son producto de este sistema. Es sumamente doloroso saber la manera violenta en la que murió Robert, y a este dolor ahora hay que sumar que las autoridades tampoco puedan hacer justicia y que se esté manchando su nombre. Es indignante darse cuenta que toda una vida de trabajo altruista, pueda echarse por la borda, por lo que declaren dos personas sin escrúpulos (y que consumen cristal). Después de enterarme de la liberación de una las personas que participó en el asesinato de Robert, me siento aún más ofendida y preocupada. Aunque seguramente no se hará en este mundo, espero que se haga justicia.
Me quedo con el recuerdo y el placer de haber conocido a una persona tan maravillosa como Robert Frey, una persona sencilla, congruente con sus ideales, llena de vitalidad y entusiasta. Una persona con más energía que muchos de nosotros (que tenemos la mitad de su edad), con una manera muy positiva de ver las cosas, siempre nos regalaba una sonrisa y nos contagiaba su entusiasmo. Para mí fue y seguirá siendo un gran ejemplo de vida y creo que la mejor manera de honrar su memoria, es trabajar muy fuerte en los proyectos y sueños de Robert, que también son nuestros, luchando por un mundo mejor. Robert, por siempre en nuestros corazones.
Sashenka Fierro Reséndiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario