Conocí a Robert en junio de 2010, a través de otro amigo, por intereses comunes, como la permacultura, el mercado verde, etc., conversamos unos cuantos minutos y enseguida me invitó a que formáramos un grupo “para explorar y promover soluciones concretas aquí en Ensenada”, al que después nombró ‘Transición Ensenada’. Era de esas personas con quienes puedes identificarte tan bien, a pesar de la diferencia de edad, que da la sensación de conocerlo hacía muchísimo tiempo.
Robert era una persona
educada y culta, que además de cultivar su mente, cultivaba su cuerpo física y
espiritualmente. En una ocasión, cuando iba llegando a la oficina, nos
saludamos con unn ademán de mano, pues él estaba por entrar a otro local de la
plaza Villa Mexicana, al poco rato llegó a la oficina de Transición y me dijo:
“Sashenka, disculpa que hace un momento no vine a saludarte, ni a abrirte la
puerta, tenía que hablar con una persona…” Yo ya tenía llave para entrar (que
él mismo me había dado), sin embargo, tenía esta clase de atenciones que raras
veces podemos encontrar y que lo hacían ser muy especial y muy querido.
Durante
el tiempo que trabajé y conviví con Robert, siempre fue muy respetuoso en todos
los ámbitos. A quienes participamos en el grupo de Transición Ensenada, nunca
nos decía lo que debíamos hacer, él daba su opinión, hacía propuestas e
invitaba. A Robert, no le gustaban los protagonismos, ni hacer alarde de sus
conocimientos y experiencia, sin embargo, éstos eran notorios y por ello lo
vimos como guía o líder dentro del grupo, nos mantenía cohesionados. También buscaba
apoyarnos, alentarnos y hacernos saber que nosotros (solos) podíamos hacer las
actividades de la transición.
Un
amigo mencionó un aspecto que para mí es fundamental, Robert no se preocupaba
sólo por el ambiente. Además de impulsar acciones como el uso de la bici o el
proyecto del mercado verde, estaba convencido de la necesidad de cambiar el
sistema basado en el capital, un sistema que no se preocupa por las personas,
ni por cuidar la Tierra, sólo por acumular riqueza material de unos pocos, a
costa de generar más pobreza para la mayoría. Y paradójicamente, las personas
que le quitaron la vida a Robert, son producto de este sistema. Es sumamente
doloroso saber la manera violenta en la que murió Robert, y a este dolor ahora
hay que sumar que las autoridades tampoco puedan hacer justicia y que se esté
manchando su nombre. Es indignante darse cuenta que toda una vida de trabajo altruista,
pueda echarse por la borda, por lo que declaren dos personas sin escrúpulos (y
que consumen cristal). Después de enterarme de la liberación de una las
personas que participó en el asesinato de Robert, me siento aún más ofendida y
preocupada. Aunque seguramente no se hará en este mundo, espero que se haga
justicia.
Me
quedo con el recuerdo y el placer de haber conocido a una persona tan
maravillosa como Robert Frey, una persona sencilla, congruente con sus ideales,
llena de vitalidad y entusiasta. Una persona con más energía que muchos de
nosotros (que tenemos la mitad de su edad), con una manera muy positiva de ver
las cosas, siempre nos regalaba una sonrisa y nos contagiaba su entusiasmo. Para
mí fue y seguirá siendo un gran ejemplo de vida y creo que la mejor manera de
honrar su memoria, es trabajar muy fuerte en los proyectos y sueños de Robert,
que también son nuestros, luchando por un mundo mejor. Robert, por siempre en
nuestros corazones.
Sashenka Fierro Reséndiz

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