Conocí a Robert Frey en Septiembre de 2009,
cuando asistió a la presentación de la Escuela de Energía Solar que hicimos mi
esposa y yo en el CICESE, fué la primera vez que lo vi y charlamos un poco. Ya
usaba su bicicleta como medio de transporte y ese hecho y su personalidad
relajada fueron las primeras cosas que me llamaron la atención. Un par de
semanas después, nuevamente participó en otra presentación de la Escuela de
Energia Solar, donde fuimos invitados del “Café Cientifico” de Daniel Loya
(divulgar.org) esta vez en “El Bodegón”. Poco a poco fuimos trabando amistad y
la base común fueron su origen (Oakland CA) donde trabajé en 2002 y 2003. Traía
todo el bagaje ecologista de las corrientes de Berkeley y cuando se retiró, le
gustó Ensenada para quedarse.
Un individuo como Robert, conciente de los
retos ambientales actuales, no se pudo
abstraer ya estando viviendo aqui, y se dedicó en cuerpo y alma al
ambientalismo, dándonos ejemplos palpables de generosidad y entrega. No nada
más fue un gran impulsor de la Ciclovía, sino que fundó el Grupo De Transición
buscando que la enseñanza y uso de ecotécnicas se conviertieran en palancas de
la comunidad ensenadense.
Nos tocó estar con Robert y Tamara en la
Sierra, el 8 de Septiembre de 2011, cuando fué el apagón de 5 horas, y
convivimos muy a gusto, ya que allá ni nos dimos cuenta. Tocamos guitarra y
estuvimos con mis vecinos en una agradable fogata. Hasta al día siguiente
bajamos y supimos lo que pasó. En aquella ocasión le prestamos el interesante
libro “Evolution’s Edge” y días después me comentó que el difería respecto al
autor del libro, en la intervención de los gobiernos para sobrevivir a los
problemas ecológicos, energéticos y
ambientales. El era un convencido que la solución era la construcción de
comunidades resilientes.
La muerte violenta de Robert fué
terriblemente irónica, para un pacifista y amante de sus semejantes. Para
Ensenada representa una pérdida que no tiene medida alguna, porque Robert era
de los individuos capaces de transformar a su comunidad y en esas andaba, sin
pedir nada a cambio por sus esfuerzos.
Para sus amigos, su crimen nos representa
el estado de las cosas en nuestro país, inmerso en una escalada de violencia
que ya sentimos demasiado cerca y el hecho de que alguno de sus asesinos sea
liberado, solamente refrenda la canción de José Alfredo Jiménez donde dice que
“la vida no vale nada”.
Exigimos a nuestras autoridades, que dejen
de fomentar la impunidad, no hay pretextos para sus asesinos y deberán pasar
muchos años en la cárcel y ni así, estas heridas sanarán en nuestra comunidad
que tanto necesita de individuos como Robert Paul Frey (QPD).
Atentamente
Luis
Alfonso Lazcano Sahagún

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